Historia de la taza

No te lo esperabas, ¿verdad? Cada pieza que ha creado el ser humano, cada rincón del planeta, cada cosa —y cada tipo de taza— tiene su propia historia, su evolución.

Aquí descubriremos en qué bebían los protagonistas de la Historia. No, haciendo cuenco con la mano, no. Bueno, al principio, seguramente, sí, pero ya sabemos -o deberíamos saber- que el ser humano es un animalillo imaginativo, creativo y sabe elaborar herramientas muy prácticas y embellecerlas.

Así que vamos a explorar el fascinante mundo de la taza. ¿Fascinante? ¿Cómo puede ser fascinante una taza? Cierto, no es la taza, sino la historia que hay detrás: la terracota que supieron hornear en el neolítico para crear algo como lo que ves aquí; y la curiosidad y la capacidad de observación que lleva al ser humano a experimentar con nuevos materiales buscando la innovación.

Jarra neolítica, China. Historia de la taza
Jarra neolítica, cultura Yangshao, China, 2300-2000 a. n. e.
The Metropolitan Museum of Art, New York.

El Neolítico nos trae los primeros recipientes similares a una taza o cuenco, elaborados primero con terracota, luego con loza, cerámica y, finalmente, porcelana.

Las primeras tazas de porcelana, tal y como las entendemos hoy, surgen durante la dinastía Han (206 a. C.–220 d. C.), una de las más influyentes de la historia china. En esta etapa de prosperidad en agricultura, literatura y arte, la porcelana aparece como una técnica innovadora: cerámica de caolín, feldespato y cuarzo cocida a alta temperatura, obteniendo así un material translúcido y resistente.

Era un producto de lujo. Hoy la porcelana china genuina sigue siendo muy apreciada. En 2014, una pequeña taza conocida como la taza del pollo se vendió en subasta por 26 millones de euros a un coleccionista.

La decoración de la porcelana china alcanzó un nivel impresionante. Por ejemplo, durante la dinastía Ming (1368–1644) se pintaban los diseños con azul cobalto sobre la pieza sin cocer, se cocían a alta temperatura, se esmaltaban y volvían al horno para realzar los colores. Un proceso laborioso, pero que dio lugar a verdaderas obras maestras.

Esta pieza se considera una obra cumbre de la porcelana china fina. Su decoración supuso un complicado proceso. Primero, los diseños se pintaron en azul cobalto sobre la pieza sin cocer. Después de la cocción a alta temperatura, estos diseños se rellenaron con pigmentos de esmalte y vuelta al horno, a temperatura más baja, para resaltar los colores. Un gran trabajo.

De la piedra tallada al acero inoxidable

La arqueología muestra que los primeros recipientes fueron de piedra tallada y, más adelante, de cerámica. Eran básicos, sin asas ni decoración. La ornamentación llegó después, cuando surgieron clases sociales capaces de permitírselo.

Un buen ejemplo son las elaboradas en el antiguo Egipto, decoradas con jeroglíficos y escenas de la vida cotidiana. En esta etapa, además, encuentran un nuevo uso como ofrendas en los templos y en los rituales funerarios. Ningún faraón sin su taza, que siempre viene bien tener una a mano en el otro mundo. La historia de la taza demuestra que aquí aparecen las tazas de metal y se les atribuye una característica nueva, que se une a su uso práctico: demostrar que quien la posee es rico y poderoso, y se puede permitir una taza de metal.

Los egipcios de a pie, sin embargo, utilizaban recipientes de barro, como este, que data de la etapa del Antiguo Egipto.

Taza, Imperio Antiguo de Egipto. Datada entre 2649–2100 a. n. e. The Metropolitan Museum of Art.

En el Imperio Medio los utensilios domésticos más decorados ya estaban al alcance de casi todos. Esta pequeña taza de loza se encontró en una pequeña canasta, junto a la figura de un cocodrilo. Quien la puso allí probablemente vivía en una de las casas construidas sobre las tumbas adyacentes a la pirámide de Amenemhat I, en la aldea de El Lisht.

Como se aprecia en la fotografía, la forma permite alimentar a un bebé. La taza está decorada con deidades benéficas que lo protegían: un león que camina, otro erguido, un animal mítico de cuello largo, una serpiente y una tortuga.

Ática, cuna del vino

Los griegos no eran tan ostentosos. Las tazas de cerámica, o copas, se hicieron más comunes y se utilizaron en los banquetes y en los juegos olímpicos. Las de metal también eran populares, se hacían de plata y de oro y, algunas tazas de plata se hicieron tan grandes que se necesitaban varias manos para sostenerlas.

Esta copa se atribuye al alfarero griego Hierón a quien, como ves en el asa de la foto superior, le encantaba firmar sus obras, especialmente las copas áticas para beber o kílices, que eran las más complicadas de elaborar. Son tazas de cuerpo poco profundo y ancho, con dos asas, que se utilizaban para beber vino. Esta pieza se encuentra en el MET neoyorkino (The Metropolitan Museum of Art) y data del 480 antes de nuestra era.

El responsable de la decoración fue el artista Macrón, uno de los ceramógrafos atenienses más reputados de la época y que, al parecer, solo trabajó para Hierón.Es un buen ejemplo del aspecto de las tazas entonces.

Los romanos no estaban locos

Obélix dice que «estos romanos están locos». Seguramente, lo comentaba en algún banquete de celebración mientras relataba sus incursiones en Baborum o Petibonum, los campamentos de las legiones romanas.

Seguramente, lo hacía mientras degustaba sorbos de vino en una copa similar a esta. Sí, la copa es romana.

Taza romana de terracota, se cree que procedente de la Galia, siglo II n. e. The Metropolitan Museum of Art, New York.

Taza romana de terracota, se cree que procedente de la Galia, siglo II n. e. The Metropolitan Museum of Art, New York.

No estaban locos y, además, eran tremendamente prácticos. Lo suyo no era la belleza sino el pragmatismo y conquistar el mundo conocido. Lo consiguieron y ocuparon tantos territorios que en tiempos de Constantino I, el Grande, se vieron obligados a dividir el Imperio.

Aquello no había quien lo gobernara, era demasiado grande. Así nace Constantinopla, hoy Estambul, estratégicamente situada para controlar los territorios orientales. Roma, por su parte, se hizo cargo del resto del mediterráneo hacia el Oeste, pero solo en la práctica porque Roma seguía tomando las decisiones. Aquello duró tanto como lo hizo el reinado de Teodosio el Grande que, al morir, dividió este enorme Imperio entre sus hijos, Arcadio al Este y Honorio al Oeste. Teodosio creyó que todo funcionaría con dos imperios autónomos. Pero no fue así, el fin del Imperio romano estaba cerca.

Copa de gladiador de cristal, alrededor del 50-80 n.e. The Metropolitan Museum of Art, New York.

Mientras tanto, dejaron a la posteridad -es decir, a nosotros- sus vajillas, sus tazas y sus vasos conmemorativos, como la copa de gladiador de cristal que ves aquí, con nombres de luchadores grabados. Probablemente, un recuerdo de los juegos.

Los expertos creen que debe tratarse de una copa conmemorativa de unos juegos celebrados en Roma durante el periodo julio-claudio, porque los nombres grabados en ella corresponden a algunos de los gladiadores que se hicieron famosos en esa época. De forma que nos encontramos ante un recuerdo, un artículo de marketing. No puedo evitar el tópico de que «no hay nada nuevo bajo el sol».

¿En qué tipo de taza bebería Julio César? El primer emperador divinizado de Roma. Gran estratega tanto en la conquista como en la política, al final le pudo la soberbia, la falaz idea de una omnipotencia que nunca poseyó.

¿En qué taza bebería?

Par de tazas de plata, finales del siglo 1 a. n .e – principios del siglo 1 d. n. e. The Metropolitan Museum of Art, New York.

Par de tazas de plata, finales del siglo 1 a. n .e - principios del siglo 1 d. n. e. The Metropolitan Museum of Art, New York.

Edad Media

Con el paso de los siglos, las tazas reflejaron la implantación de nuevas técnicas y artesanías. Durante la Edad Media, la producción de cerámica avanzó lentamente y las tazas seguían siendo objetos necesarios, pero humildes.

Taza de cerámica excavada en el yacimiento de la madrasa Tepe en Nishapur, siglo IX-X.

Esta taza de cerámica fue excavada en el yacimiento de la madrasa Tepe en Nishapur, la ciudad fundada durante la dinastía sasánida en un punto clave de la ruta de la seda uniendo Bagdad con Merv, Herat y Balj. Llegó a tener 300.000 habitantes y una gran actividad cultural y comercial.

En el siglo XII la mala suerte, en forma de terremotos e invasiones, cayó sobre ella y su decadencia se convirtió en una pauta.

A la izquierda puedes ver una taza que, en algún momento de la historia, fue utilizada por uno de los 300.000 habitantes de esa ciudad clave para el comercio y para la literatura.

Hoy en día, la ciudad medieval es una gran área arqueológica, mientras que la relativamente pequeña ciudad moderna se sitúa al norte.

En nuestra civilización, la taza de la Edad Media no era un objeto glamuroso. Eran resistentes y funcionaban, sin florituras ni pretensiones, hechas de barro cocido, loza o terracota. Se usaban en casas, monasterios y castillos, donde lo práctico mandaba y lo estético pasaba a segundo plano. Si acaso, había algunas decoraciones modestas, generalmente religiosas o geométricas, porque, claro, no había ni tiempo ni presupuesto.

Aparte está el Santo Grial, ese mito que casi podríamos llamar la «supercopa» medieval, el cáliz sagrado, con un valor histórico y simbólico que trasciende lo terrenal. No importa si nunca existió realmente, su leyenda lo convierte en algo casi místico, con un aura de poder y misterio que ninguna cerámica humilde podría rivalizar.

El oficio de fabricar estas tazas se transmitía por tradición oral, a base de ensayo y error, y en talleres modestos. Los monjes también se metían en el tema, porque entre rezar y escribir manuscritos, tenían que beber algo, y había que tener utensilios a mano. Compartir la bebida era un acto con etiqueta y significado: un brindis por la alianza o la hospitalidad, nada de tomarse la cosa a la ligera.

Renacimiento

Durante el Renacimiento, la porcelana era un objeto de deseo lejano y casi mítico en Europa. Procedente de China, cuyos orígenes datan de la dinastía Han (siglo II a.C.), esta materia llegó al continente a través de rutas comerciales portuguesas y holandesas en el siglo XVI. Las piezas europeas importadas —blancas, translúcidas y extremadamente duras— se convirtieron en símbolo de lujo y estatus, especialmente en las mesas de la nobleza y la creciente burguesía, que comenzaba a descubrir el placer de degustar nuevas bebidas como el té y el café, también llegadas desde Oriente.

En este periodo, la fabricación de porcelana dura europea era todavía una asignatura pendiente. Hubo intentos notables, como los ensayos de porcelana de “pasta tierna” en Florencia, bajo el mecenazgo de los Médici, a finales del siglo XVI, pero la dureza y la perfección de la porcelana china se mantuvieron fuera de alcance. Estos experimentos reflejan la fascinación (y también la ignorancia técnica) que generaba esta pieza única.

El siglo de la Ilustración

La verdadera revolución llegó en el siglo XVIII, cuando en Meissen (Sajonia, Alemania), Johann Friedrich Böttger y Ehrenfried Walther von Tschirnhaus descubrieron la fórmula para fabricar porcelana dura europea, utilizando caolín, feldespato y alabastro, cocidos a altas temperaturas. Este logro acabó con la dependencia europea de importaciones asiáticas y disparó la creación de fábricas reales: Viena, Sèvres, Limoges o Capodimonte, donde la técnica se fusionó con un refinamiento artístico propio y una identidad cultural europea definida.

El siglo XX vio un cambio profundo en el carácter social y práctico de la taza. Durante la Segunda Guerra Mundial, se reinventó como un objeto robusto y funcional, esencial para las tropas de la Marina de Estados Unidos que necesitaban utensilios resistentes en condiciones adversas. Este diseño se popularizó luego en la vida civil, convirtiéndose en símbolo de trabajo, rutina y comunidad, acompañando al café que despertaba y unía a millones cada día.

Hoy, la taza es mucho más que un simple recipiente. Es un objeto personal, identificativo, y a menudo coleccionable, que une tradición con innovación. Desde las formas clásicas hasta las tazas inteligentes y personalizadas, sigue siendo un elemento vital en el ritual cotidiano de miles de personas, que encuentran en una taza el placer simple de una buena bebida.